Parásitos intestinales: Síntomas y enfermedades relacionadas

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En este artículo descubrimos juntos las enfermedades que pueden conducir a parásitos intestinales y síntomas relacionados.

Los parásitos intestinales de Helminton (gusanos) son a menudo subestimados por la clínica, pero desde el punto de vista de la Medicina de la Información son muy importantes.

En mi práctica diagnóstica diaria, a menudo los encuentro presentes (con sus frecuencias), en el contexto de patologías muy importantes, incluso graves y complejas. Si bien es cierto que en el mundo occidental es raro ver las grandes infestaciones de bichos, sin embargo las contaminaciones menores de estos seres son muy comunes, pero poco conocidas en sus aspectos clínicos, y desafortunadamente poco investigadas.

Es probable que las grandes migraciones de población, tanto humana como animal, de estos últimos años, puedan “mezclar las cartas”, es decir, hacer presentes ciertas cepas de helmintos, que en el pasado no se encontraban en los países llamados “evolucionados”.

Actualmente, existe una tendencia por parte de muchos médicos a no considerar a los parásitos como peligrosos. Cuando todo va bien, se considera que estas formas están vinculadas a la Medicina Tropical, es decir, a la ciencia que estudia las patologías de los países más calientes y en vías de desarrollo (o, desgraciadamente, sin desarrollo alguno).

Esta carencia culpable se acompaña a menudo de un desconocimiento total del tema, hasta el punto de que, lamentablemente, incluso en los laboratorios más organizados falta la figura del parasitólogo. Además, personalmente tengo la impresión de que para muchos médicos este problema simplemente no existe y, por lo tanto, no se tiene en cuenta.

Los gusanos son un trastorno frecuente y grave

Sin embargo, las lombrices son cada vez más frecuentes y a menudo van acompañadas de trastornos muy graves. El que afirma casi absolutamente que los gusanos son una de las principales fuentes de contaminación en el cuerpo, tanto desde el punto de vista químico como informativo, es el Dr. H.R. Clark, quien ha desarrollado un método de investigación de frecuencias conceptualmente similar al que yo he realizado, aunque es muy diferente desde el punto de vista operativo.

Es muy probable que los huevos, larvas, cisticercos y lombrices adultas, al ser muy grandes, en comparación con otros microorganismos, posean proporcionalmente una amplia gama de antígenos capaces de activar y modificar el sistema inmunológico y el flujo de información dentro del cuerpo; además, parece que los parásitos, al morir, liberan en el medio ambiente los virus y bacterias que transportan dentro de sí mismos. En otras palabras, la cantidad de información anómala que puede afectar al “software” de los sistemas biológicos es enorme, y puede inducir cambios profundos y serios, especialmente a nivel de respuesta inmuno-alérgica y tipo nervioso.

Alteración de la flora bacteriana y del sistema inmunológico

Otro daño, muy importante, es la capacidad de estas malezas en el intestino para provocar alteraciones en el número y calidad de la flora bacteriana que nos ayuda a proteger las células intestinales, produce vitaminas y minerales, prepara las proteínas para ser asimiladas y utilizadas.

A esto hay que añadir el daño directo del parásito, que, dependiendo de su especie, tiene un ciclo de vida muy preciso de reproducción y desarrollo, tocando más huéspedes, tanto estables como ocasionales y, dentro de éstos, más órganos. Siempre vuelve, para poner los huevos, en el intestino o en la vesícula biliar, y esto ocurre, sobre todo, después del ciclo lunar: en los días en que hay una nueva fase lunar (en la práctica, unas cuatro veces al mes).
Una característica de los gusanos, no todos, es la de volver a subir desde la válvula de Oddi, situada en la parte superior del intestino delgado, a lo largo de las vías biliares y, menos, pancreáticas, asentándose en zonas “más protegidas” de las agresiones externas. Otro lugar privilegiado es el apéndice: a menudo las inflamaciones de este órgano linfático son causadas por una fuerte infestación parasitaria.

Cada helminto suele tener huéspedes preferentes en el reino animal, con los que, dentro de ciertos límites, contrae una especie de “modus vivendi”. Muy a menudo, cada gusano infesta a dos huéspedes, pertenecientes a dos especies diferentes del reino animal: uno intermedio y otro definitivo. En ciertas circunstancias, sin embargo, puede haber infestaciones intermedias y definitivas también en otras que pertenecen al reino animal, que actúan como huéspedes ocasionales. Es así como, a veces, somos testigos de patologías de los helmintos que no deberían llevar a cabo adecuadamente parte de su ciclo de vida en los seres humanos. En estos casos es posible que el sistema inmunológico no reconozca completamente la especie de la plaga, y no logre hacer un buen contraste, por ejemplo, cuando los gusanos, demasiado presentes, mueren y liberan fragmentos bioquímicos, pero sobre todo “nuevos” insumos informáticos.

Por ello, por el contrario, Enterobius vermicularis (Oxide), es decir, el parásito más conocido como “obligatorio” para el hombre, tanto como huésped intermedio como definitivo, provoca síntomas marginales (a menos que, como ya se ha dicho, se haya elevado a lo largo del tracto biliar), mientras que otros helmintos, cuya infestación es más difícil para nosotros los humanos, o que tienen un ciclo de vida con más huéspedes, son en realidad más peligrosos y devastadores. De hecho, también existe una mayor “tolerancia”, primero informática y luego bioquímica, hacia algunos parásitos, en lugar de hacia otros, dependiendo de la raza y el lugar de origen del individuo humano que está infestado. Por último, el estado del intestino, cualquier disbiosis o patología del tracto digestivo es muy importante, ya que ésta es la puerta principal de entrada de estos agentes (la segunda es la puerta de inhalación: los huevos o quistes de parásitos pueden ser inhalados desde el suelo, donde han sido dejados por animales que han defecado allí).

El sistema defensivo intestinal elabora una respuesta genérica, formada por la activación de eosinófilos, IgA, y posiblemente IgE, que, en condiciones normales, permite contrarrestar y limitar eficazmente todos los parásitos helmínticos, que están “contenidos” en un número de individuos que no son capaces de dañar el organismo en el que se introducen: mientras este control funcione como un “regulador” ecológico, no hay peligros particulares, a menos que exista un comportamiento de riesgo.

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